Ángel Peiró, unos sesenta asistentes y el "Yoga, un sistema de reconducción vital" son los elementos que constituyeron el taller organizado por la Asociación Internacional de Profesores de Yoga (IYTA en sus siglas en inglés) el 29 de marzo de 2008 en el centro cívico Torrero de Zaragoza (España). Ángel Peiró estructuró la clase en tres grandes bloques, uno teórico dedicado a por qué el yoga funciona, cómo se llega a él y qué es, un segundo bloque de metodología aplicada y una última sección de realización práctica.
El yoga se extiende porque funciona, a unos les ha resultado eficaz y se lo cuentan a otros que repiten el proceso, expandiendo el yoga casi con efecto viral. El yoga es un sistema seguro sin efectos secundarios, cuando es aplicado correctamente, y es efectivo porque se adapta a las personas y respeta sus necesidades concretas y no al revés. Estas necesidades son debidas, casi invariablemente, a sentimientos de insatisfacción, cuyo extremo negativo es el sufrimiento, Duhkha. El yoga logra aliviar insatisfacciones motrices y locomotrices, alivia sobrecargas continuadas de tensiones afectivas, emocionales y laborales así como disfunciones fisiológicas. Cubre las necesidades filosóficas y metafísicas basadas en el concepto causa-efecto y permite afrontar la separación existente entre la dimensión superficial y la realidad profunda de cada individuo.
Podríamos decir entonces que el yoga nos ayuda en la búsqueda de la felicidad definida como esa paz interior, serenidad y tranquilidad duradera que se encuentra en nuestro interior. En definitiva, nuestra relación con el yoga la podemos afrontar desde una estrategia de mantenimiento alimenticio, de ejercicio y de autocontrol y serenidad, para conservar la estabilidad mental, o como sistema de autoconocimiento. El yoga no es un sistema terapéutico, pero puede usarse como tal. El yoga no es una filosofía, pero está impregnado de ella. El yoga no es una religión pero es espiritual. El yoga es un sistema de liberación de la temporalidad por la adicción a la vida debida a la ignorancia metafísica. El yoga propone la experiencia de la no-experiencia, suprimiendo las fluctuaciones mentales y nos permite superar la limitación de la mente para poder llegar a entrever el plano espiritual. La mente es la ventana que nos permite acceder a esa dimensión y, para poder ver a través de ella, debemos integrar perfectamente los elementos costituyentes de la dimensión superficial: mente, cuerpo y energía. La mejor respresentante de la energía es la respiración. Como todos hemos comprobado en muchas ocasiones existe una estrecha relación entre la respiración y la mente, influyen la una en la otra directamente. Y es el cuerpo el que nos permite inspirar y espirar.
Para lograr nuestro objetivo de integrar cuerpo, mente y energía realizamos asanas. Una asana es un equilibrio entre la atención, vigilancia y voluntad, y la comodidad y aceptación de la posición. El trabajo postural en aplicación dinámica (vinyasas) es una coreografía que se pone al servicio de la dimensión profunda realizando un movimiento consciente, lento, regular y uniforme que está cubierto y coordinado por la respiración desde que empieza hasta que termina el movimiento. Fue así como iniciamos el bloque metodológico. Primero con el estudio de las series de vinyasas a trabajar, diferenciando los tres niveles de intensidad desde el más básico, el nivel intermedio y un último nivel intenso, más elevado.
Por último, la realización práctica de vinyasas con intensidad básica e intermedia, finalizando con doce ciclos del pranayama Ujjayi Anuloma, y el posterior canto del Om.
Om Shanti